¿Tiene algún sentido que se vayan renovando las personas?
Hoy, en mi sección diaria de “footing”, me he cruzado con unos chavales en bicicleta, que ha gran velocidad (para un paseo lleno de personas), se iban retando en el clásico “mira, mira sin manos” y mirándose uno al otro corrían hacia lo que parecía inevitable, la caída o el atropello de alguien. Por suerte, en lo que abarcaba mi vista, no ha ocurrido nada.
Lo digo porque me ha recordado cuando yo en bicicleta, y haciendo las mismas tonterías, me había caído y que después de tantos años, algunas cicatrices aún hoy visibles, dan fe.
La gente repetimos todo lo que se ha hecho anteriormente, a pesar de estar convencidos de que somos originales y los primeros en hacer esto o aquello (claro que para los muchachos, por ejemplo, sí era nuevo disfrutar su recién estrenado dominio de los mandos de una bicicleta) y seguramente así seguirá por siempre.
Cuando desde la perspectiva de una cierta edad, miras a tus conciudadanos te das cuenta, entre otras cosas, que una mayoría son más jóvenes que tú y que lo que hacen, dicen o piensan, es muy parecido a lo que tú y tus coetáneos, hacíais, decíais y pensabais.
Y esto me lleva a la pregunta, ¿tiene algún sentido que se vayan renovando las personas?, siempre cometiendo los mismos errores, teniendo que aprender lo que los antecesores ya sabían. No hubiera sido mejor, un mundo poblado por el justo número de personas y que cuando llegaran al tope de edad, “reparar sus partes mecánicas” y con la sabiduría adquirida en todos los años de una vida, iniciar un nuevo ciclo vital, para así poder aplicar con el empuje de la juventud, lo que fuere mejor para todos, sin necesidad de largos aprendizajes y sus molestos daños colaterales.
¡Luego dirán que la Naturaleza es muy sabia!
