¡No era esto!
Los negocios relacionados con la energía, las comunicaciones y la construcción, se han destacado en los últimos tiempos como los medios ideales para crear verdaderas fortunas de la nada o incrementar en cientos de miles de millones (de euros) las fortunas existentes.
Me gustaría poder decir “nadie podía en 1992, imaginar que hubiera tanto dinero esperando a los que se dedicaran a la comunicación”, pero ahora a toro pasado y en vista del acoso al que sometieron al gobierno de Felipe González, golpe de estado (mediático y judicatario) incluido, para lograr las riendas del poder, se puede decir que mientras los demás estábamos en las nubes, hay quien está por la faena de situarse él y sus amigos en las mejores situaciones para aprovechar lo que se avecinaba. Y a quedado claro que así lo hicieron.
Lo mismo podemos decir de la las industrias energéticas y de las grandes empresas de construcción y financieras, no olvidemos a los bancos (sus consejos de administración) que están en todas.
Las eléctricas por ejemplo, pastel que se han repartido entre los distintos niveles de tiburones, los más importantes se han quedado con la producción y venta mayorista (que en realidad da unos beneficios cuantiosos) y ha subcontratado todo lo demás, la venta minorista, la distribución y mantenimiento.
De los inmensos beneficios de los consejos de administración de las grandes corporaciones industriales y financieras, deberían salir los fondos necesarios para actualizar, modernizar y adaptar los equipamientos a las nuevas necesidades y a los aumentos constantes de la demanda, pero la voracidad de los tiburones económicos es insaciable y la connivencia de las autoridades políticas y judiciales es tan completa y vergonzosa, que los escualos financieros se sienten completamente a salvo, que en realidad y visto lo visto, lo están, a salvo y en la gloria.
Pensamiento en voz alta de los que se rompieron los cuernos luchando contra la dictadura:
“No era esto, compañeros, no era esto por lo que murieron tantas flores, por lo que lloramos tantos anhelos”
