Bipartidismo (made in USA), cambiar de gobierno para que nada cambie.
Mi lugar de origen es Lérida, mi lugar de residencia es Barcelona y mi identidad, sentida y clasificante es catalana, incluso he descubierto hace bien poco (gracias al investigador aficionado Joan Climent) que soy descendiente del primer “cap de colla dels castellers, la Jove de Valls” del que se tiene referencias escritas, datadas en el 1800 aproximadamente (es sólo una anécdota).
Mi carné de identidad dice que soy español y mis ideas políticas pasaron por varios procesos, el de la indiferencia juvenil, mi concienciación antifascista, mi inclinación hacia una izquierda civilizada, dialogante, democrática y de amplio espectro, y por último la constatación de la necesidad apremiante de disponer de un sistema político que permitiera a mi tierra autogestionarse, posibilidad que visto lo visto con los 23 años de gobiernos de CIU, presididos por Jordi Pujol, banquero de pro y amigo de sus amigos (la Caixa y otras corporaciones financieras detentoras de las riendas del capital), y los sucesivos gobiernos que pasaron por Madrid, como los de Felipe González, sin duda el mejor presidente que hasta ahora ha tenido la democracia española, que con gran profesionalidad y efectividad se dedicó a modernizar España, eliminando los evidentes desequilibrios sociales y económicos que existían entre las autonomías. Parte de este equilibrio se logró, frenando el progreso en Cataluña, con menos financiación (comparativa por habitante), lo criticable es que los gobiernos socialistas aceptaron, por intereses pactistas, que la administración de la insuficiente financiación, la llevarán a cabo los representantes de la oligarquía catalana, en el gobierno de la Generalitat, que como no se cansaba de repetir Rodríguez Ibarra (en defensa de sus intereses) “Estos catalanes se gastan el dinero en canales de televisión, obras faraónicas y policía autonómica, pues ahora que no vengan llorando” y la verdad, mal que me pese, no le faltaba razón.
Siguiendo con mi zigzagueante línea retórica, durante los gobiernos del PP, presididos por José Mª Aznar, se frenaron los progresos sociales en toda España, sólo progresaron los amigos de Aznar que fueron posicionados en los lugares estratégicos de la economía, para, como se ha demostrado después de su caída, seguir mangoneando la economía.
Para Cataluña, los ocho años de gobiernos del PP, representaron un retroceso criminal sobre el retroceso ya existente(con el inestimable apoyo de sus socios de CiU), en las necesidades y aspiraciones de todo un pueblo, pacífico, trabajador y flexible.
En este contexto la llegada a la Generalitat del presidente Maragall y del presidente Zapatero y su buen talante, al gobierno de Madrid , le dieron alas a mi imaginación y vi por primera vez la posibilidad (remota todo hay que decirlo) de que por fin estaríamos en el camino de la justicia.
Poco ha durado la ilusión, ya que aparte del enconamiento manifestado por los dirigentes del PP desde la oposición, en destruir todo lo que “apeste” a catalán (y a fe que lo están logrando, al menos entre sus descerebrados seguidores), está la dolorosa constatación de que las buenas intenciones iniciales del Gobierno Zapatero, se van quedando en nada, desde la defenestración del presidente Maragall, forzada por los quintacolumnistas de la derecha ¿socialista?, hasta las recientes visitas de la ministra de Fomento Magdalena Álvarez, felicitándonos a todos los catalanes, por el buen funcionamiento de nuestro aeropuerto de El Prat (¿).
Las últimas noticias sobre el desarrollo de la presidencia del Gobierno de Navarra, no hacen más que reforzar la idea de que estos (la dirección actual del PSOE) no son más que una derecha nacionalista española más, que sin darnos cuenta y con nuestro apoyo incondicional se han colado en la alternancia bipartidista (made in USA), cambiando de gobierno para que nada cambie.
