En los primeros años del siglo XXI, los nacionalistas españoles, que son los más acérrimos detractores de los nacionalismos periféricos (olvidan que ellos son los nacionalistas periféricos de Europa) quieren ponerle letra al himno nacional, una marcha militar (militarista), que a mi sólo me provoca el sentimiento de rechazo por los recuerdos que me trae, casi todos compendiados en el noticiario NO-DO, un dictador enfrentado a las democracias europeas, presidiendo desde un balcón de la plaza de Oriente, las multitudinarias manifestaciones de apoyo inquebrantable a sus desvaríos criminales (para cuando la investigación de sus crímenes y de las fortunas inconfesables de sus herederos, habría que aprender de los chilenos).

Un país que tiene unos símbolos nacionales, la monarquía, la bandera, el himno nacional, etc., heredados de la dictadura y además todos sus poderes fácticos son descendientes de la oligarquía que durante decenios expolió a los españoles, reprimió con dureza a los opositores, masacró las culturas ajenas, no está normalizado y no merece ningún respeto.